domingo, 3 de julio de 2011

¿Cuándo se termina el duelo?


¿Cuándo se termina el duelo?
¿Cómo me doy cuenta?, ¿Es el mismo tiempo para todo el mundo? Esas son algunas de las preguntas que se escuchan por parte de quienes solicitan tratamiento psicológico ante el dolor que les genera la pérdida de un ser querido.
Algunas personas no consultan inmediatamente después de ocurrida la pérdida, sino luego de transcurrido un tiempo, donde el recuerdo no les permite continuar con las actividades que llevaban hasta ese momento. Otras, están llevando adelante su tratamiento y viven esta situación. También, hay quienes se acercan en busca de respuesta a cierta pregunta que se vienen haciendo, pero una vez comenzado el tratamiento mencionan la pérdida de algún ser querido. Estos son solo algunos ejemplos, donde las preguntas del inicio comienzan a ser dichas.
¿Qué es el duelo? ¿Hay una sola manera de llevarlo adelante? ¿Qué es lo que se perdió? Me propongo darles una breve mirada a estas preguntas para situarme así en un tema tan caro a los afectos que nos unen o separan de otros.
El duelo es el tiempo necesario para cada quien, donde nos encontramos con que la persona tiene una pérdida por el interés por el mundo exterior, pérdida de la capacidad de escoger algún nuevo objeto de amor y por un extrañamiento respecto de cualquier trabajo productivo que no tenga relación con el que ya no está. Es la cotidianeidad que le demuestra que su ser querido ya no existe más y que reclama que algo tiene que hacer con los lazos afectivos que lo unían a ese ser amado. Este trabajo no pude ser realizado enseguida, se va ejecutando, nos dice Freud en Duelo y Melancolía, “pieza por pieza con un gran gasto de tiempo y energía, entretanto la existencia de lo perdido continúa en lo psíquico”. Es decir, este proceso, paso a paso, requiere de energía y tiempo para seguir su trabajo de desanudamiento y anudamiento en otro lugar. Por esto es que para el que esta atravesando este momento el mundo se ha hecho pobre y vacío. Ahora bien, podemos entonces pensar que la manera en que cada uno lleva adelante este trabajo que le propone la realidad, para ir desatando pieza por pieza ese amor que lo unía a ese otro, es una tarea muy personal. Ya muchos deben conocer personas que en un primer momento hacen sus actividades como en forma automática, sin pensar demasiado, pero también hay quienes pareciera que no les ha pasado nada, porque tal vez este camino que implica el duelo no lo hayan comenzado a transitar.
En lo que respecta a la pregunta por lo que se perdió, nos puede ayudar lo que dice Lacan en el Seminario 10 en la clase del 30 de Enero de 1963 “Sólo estamos de duelo por alguien de quien podemos decirnos “Yo era su falta”. Estamos de duelo por personas a quienes hemos tratado bien o mal y respecto a quienes no sabíamos que cumplíamos la función de estar en el lugar de su falta” es entonces que lo que se perdió es lo que uno era para ese otro no ya ese otro amado sino aquel cuya falta fue y su deseo causó. Por lo tanto necesitará desplegar, o comenzar a hacerlo por lo menos, algo de este lugar que ocupaba para el otro.
Es en esta manera de poner palabras a lo que no anda, a lo que no se va, a lo que duele, que el psicoanálisis se propone para poder crear un espacio de intimidad, donde ese lugar que ocupaba pueda hacerse pregunta tal vez, ya que pareciera que esta todo dicho por la dolorosa pérdida, siendo en realidad la respuesta lo menos sabido.


Angela Oyarzábal

sábado, 30 de abril de 2011

Almas vivas

El cine, entre otras expresiones artísticas, muestra de un modo preciado cuestiones de la existencia humana. En esta oportunidad, quiero referirme al film: ‘Almas frías’ (Cold souls, 2009. Dirección y guión de Sophie Barthes). Protagonizada por Paul Giamatti, haciendo de... Él mismo (¿Ficción, verdad?). Se trata de un actor que se encuentra ensayando para una obra de teatro de Chéjov, ‘Tío Vania’. Se siente tomado por el personaje que le toca interpretar... ‘Tío Vania’. Dice no poder `separarse’ de este apesadumbrado sujeto. A partir de ello, se replantea varias cosas de su vida: qué hizo hasta ahora, qué será de sus próximos años, etc.
En medio del terrible malestar de Paul, su representante le recomienda una alternativa insólita, hasta delirante, pero que no tarda en hacerse realidad: Deshacerse del alma. Esta propuesta publicitada en una conocida revista norteamericana, promete ‘...una vida nueva, olvidando el pasado (...). Romper las cadenas que lo atan, desalmando al cuerpo. Es como deshacerse de un tumor...’.
Luego de algunas dudas, Giamatti recurre a este ‘Depósito de almas’. Una especie de pulcro y moderno consultorio médico, que ofrece un producto acorde al mercado actual, que puede pagarse con tarjeta de crédito y todo. El doctor que lo atiende, le explica con naturalidad que de esta manera se puede ser feliz, gracias al ‘Progreso’, al ‘Triunfo de la mente’, y continúa: ‘cuando uno se deshace del alma, todo es mucho más lógico, funcional y con sentido (...).La conciencia no queda afectada’. Eso sí, siempre queda un resto del alma extraída, pero que ‘no molestará’. Paul accede a la propuesta, aclarando, entre otras cosas, que él no quiere ‘ser feliz’, sólo ‘no sufrir’...
Aparece aquí el afán de que todo sea ‘funcional’, cabría preguntar a qué o a quién; y pleno de sentido, que cierre sin más interrogantes en una armonía racional, cuestionable también.
Desafortunadamente para algunos, siempre queda por ahí... Dando vueltas... ¡Un ‘resto’! Se procurará que no perturbe la felicidad prometida.
Luego de la extracción correspondiente, nuestro personaje se siente ‘ligero, vacío, aburrido... ¡Muy bien!’, asume.
Con el correr del tiempo y las vivencias, esto de no tener pensamientos sombríos, no sentir nada o no angustiarse, empieza a no resultarle demasiado... Paul se siente extraño, su mujer lo nota como ‘seco’ y, además, ya no tiene la creatividad, inspiración, ni los intensos sentimientos que requiere su trabajo en el teatro. Arrepentido entonces intenta recuperar lo perdido.

Me surgen varias preguntas e ideas hasta aquí. Por lo pronto, ¿qué hacer entonces cuando ‘el alma pesa’, con ese sufrimiento insoportable que a veces nos invade? Como psicoanalistas, no consideramos que el camino sea congelar las pasiones, los deseos, la angustia. Fenómenos que vienen a mostrar eso que ‘no encaja’, muchas veces denunciado por lo que llamamos ‘síntoma’. Pero sí hay maneras de aliviar y promover una transformación de esto. Dar otra vida al ‘alma’, pero propia también. Esto alude a lo que continúa sucediendo en el film: algunos quieren portar el alma de otro, y hasta se ofertan varias en un catálogo.

Les propongo ver esta genial historia surrealista que comienza con una cita de René Descartes, de su ‘Tratado de las pasiones’:
‘... el alma tiene su sede principal en la pequeña glándula que hay en medio del cerebro’.
La directora juega con esta concepción de la localización anatómica del alma, a partir de lo cual, en caso de ‘mal funcionamiento’, podría extirparse. Práctica más bien del campo médico, pero que algunos abordajes ‘psi’ toman como principio para tratar el padecimiento subjetivo, que apuntaría a eliminar, domesticar o reeducar las pasiones, cuyas exteriorizaciones se desviarían de cierto comportamiento esperado. El Psicoanálisis viene a cuestionar esta ‘terapéutica’ desde su ética y su política, que nada tienen que ver con acallar o adaptar estas manifestaciones.
Me gustaría finalizar estas palabras con otra cita del mismo texto cartesiano:

Porque es necesario advertir que el principal efecto de todas las pasiones en los hombres es el de incitar y disponer su alma a desear las cosas para las que preparan el cuerpo; de modo que la sensación de miedo le incita a querer huir y la de audacia a querer combatir, y así en los demás casos’.

Mariana Báncora